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Françoise Hardy pide la eutanasia: «Yo lo hice con mi madre»

Hace tres meses, la cantante Françoise Hardy anunció su retirada de los estudios de grabación y los escenarios debido a las secuelas del cáncer que le fue diagnosticado en 2018. Tras medio centenar de sesiones de radioterapia, la musa de la canción francesa de los sesenta aseguró tener «constantes problemas respiratorios y crisis de asfixia, por no hablar de hemorragias nasales interminables». Fue entonces cuando confesó: «No tengo miedo a la muerte, pero tengo mucho mucho, miedo a sufrir».La artista admitió que no podría «volver a cantar nunca», pero también que eso no le atormentaba porque ha «escrito tantas buenas letras que sin duda he agotado mis reservas». Sin embargo, insistía en la idea del sufrimiento innecesario: «Cuando mi sufrimiento sea todavía más insoportable, lamentablemente no tendré el alivio de saber que me puedo aplicar la eutanasia. Francia es inhumana en ese aspecto». En la misma entrevista, concedida a Paris Match, Hardy relataba: « Los rayos me atravesaron la cabeza 45 veces, me quemaron las glándulas salivales , estoy completamente seca. Por eso sufro tanto al hablar contigo durante tanto tiempo. No es posible cantar cuando no tienes más saliva». También comparó su situación con la de su hospitalización en 2015, cuando tuvieron que inducirle el coma. «Lo de ahora es mucho peor», asegura. «Tengo dificultad respiratoria constante, ataques de asfixia y ahogos, por no mencionar un sangrado nasal interminable».Hardy, de 77 años de edad, ha vuelto a hablar (mejor dicho a escribir, ya que la entrevista fue por e-mail al no poder articular palabra) sobre este calvario en la revista Femme Actuelle, y ha dicho que siente «que la muerte está cerca», y que su dolor «ya ha sido tan terrible» que teme que «la muerte» le obligue «a pasar por más sufrimiento físico».Hardy, en una imagen de los sesenta ABCPreguntada de nuevo por el tema de la eutanasia, la cantante responde: «A la edad de 15 años, había visto en la televisión no recuerdo qué película seguida de un debate sobre la eutanasia, y de inmediato me había inclinado a favor de ella: mi madre también. Lo sucedido posteriormente solo me confirmó la necesidad de legalizarlo, es decir, de dar el derecho a morir con dignidad, lo que por supuesto requiere serias formalidades. No corresponde a los médicos acceder a cada solicitud, sino acortar el sufrimiento innecesario de una enfermedad incurable desde el momento en que se vuelve insoportable. Padeciendo la enfermedad de Charcot, mi madre tuvo mucha suerte de que su médico le encontrara un médico del hospital que la eutanasió con mi colaboración cuando no podía ir más lejos en esta horrible enfermedad incurable. En lo que a mí respecta, me gustaría tener esta oportunidad, pero dada mi poca notoriedad, nadie querrá correr aún más el riesgo de ser destituido de la orden médica».En la entrevista, Hardy asume que «todos tenemos el sueño imposible de morir en paz», y continúa: «Sé que la muerte es sólo la del cuerpo que al entregar el alma la libera, lo que le permite volver a la dimensión misteriosa de donde vino, enriquecida con todo lo que le habrá enseñado su última encarnación. Mi sufrimiento físico ya ha sido tan terrible que temo que la muerte me obligue a sufrir aún más sufrimiento físico. Además, al secarse la morfina, solo se me puede administrar en dosis masivas para que me muera, y no en dosis más ligeras para que sufra menos. También tengo miedo del inmenso dolor de la forma de separación de los seres que más amamos en el mundo, que es la muerte».Preguntada por si tiene algún remordimiento sobre su vida, Hardy contesta: «La vida es una escuela de iniciación donde aprendemos a través de errores y pruebas que intentan hacernos comprender mejor lo que no habíamos entendido hasta entonces. Los momentos en que me porté mal se debieron a la inconsciencia, la ignorancia, el egoísmo, cuyas pruebas son a menudo la consecuencia».En su charla epistolar, Hardy asegura que recordar algunos momentos felices de su vida, con su hijo Thomas y su esposo Jacques Dutronc, le hace «mucho bien». También que tiene esperanza en la humanidad, gracias a «todos aquellos que hacen lo mejor que pueden, sea cual sea su trabajo, sean cuales sean sus dificultades, y que no tienen ni violencia ni odio en ellos», y elogió a «aquellos que también se ocupan de la ecología y la economía con lucidez, coherencia, integridad, porque lamentablemente la ideología sin visión de las realidades globales del mundo agrava una situación más que preocupante. La ecología no debe ser fundamentalista, radical, sectaria o política. Los muchos jóvenes llenos de buena voluntad y coraje son también una gran fuente de esperanza». Y dejó caer su teoría sobre la crisis del coronavirus: «Esta pandemia tiene una relación flagrante con la superpoblación, que aumenta la contaminación y las condiciones insalubres».

Content Source: www.abc.es

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