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Judith Jáuregui: «Vivo con música pero necesito mis espacios de silencio; la meditación me ayuda mucho»

Judith Jáuregui contagia simpatía y optimismo. Diríase que sus movimientos y su conversación transcurren entre el andante y el allegro, pero siempre con notas cantarinas, vitalistas… Mañana, jueves, la pianista donostiarra tocará en el Auditorio Nacional dentro del ciclo ‘Recordando a Alicia’ organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Alicia es, claro, Alicia de Larrocha -«una figura fundamental de la cultura, la música y el piano español», dice Jáuregui-, cuyo centenario se celebra este año. Componen el programa Schumann, Chopin, Debussy, Amy Beach -«me pidieron que incluyera a una compositora en el recital, y elegí a Amy, que fue la primera gran pianista y compositora americana de inicio del siglo XX, y que tiene obras bellísimas»-, Mompou y Grieg. Sus próximas citas son viajará a Bilbao, Tenerife, Villagarcía de Arosa (Pontevedra), Bogotá y Barcelona.

Madre desde hace tres meses, Judith Jáuregui acaba de dar a luz también un disco, que ha titulado ‘Homeland’ (Patria), en el que une a Falla (‘Noches en los jardines de España’) y Grieg (‘Concierto para piano y orquesta en La menor, Op. 16’). Le acompaña la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, bajo la dirección de Kaspar Zehnder. De ellos partió la idea de grabar el disco. «Toqué las ‘Noches’ con la orquesta varias veces, y me propusieron grabarla. Es una de las catedrales de cualquier pianista español, y me apetecía mucho. Supone una gran responsabilidad, pero es una obra que adoro y con la que he crecido; es parte de lo que soy como músico y casi como persona».

La pìanista decidió acompañarlo con el concierto de Grieg. «Por un lado, Falla es uno de los autores más arraigados a su tierra e hizo de su amor por el flamenco todo un lenguaje universal; la suya es la música española probablemente más escuchada en el mundo, y ocurre algo parecido con Grieg y Noruega. Los dos son autores con muchísima personalidad, muy reconocibles, y me pareció bonito unir en un disco el concepto de su amor a la tierra. Además es una continuación muy natural de Schumann, protagonista de mi último disco».

«La patria es mucho más que el lugar de nacimiento, son los lugares físicos y emocionales donde vamos construyendo la vida»

Los compositores que basan su música en el folclore de sus tierras están unidos de alguna manera; hay cadencias, ritmos, armonías similares en sus partituras, aunque pertenezcan a culturas muy diferentes. «Nuestro origen es el mismo. Las culturas nómadas han ido trasladando una identidad a otra y al final cada una tiene la suya propia, pero existe un vínculo entre todos. De hecho, por ejemplo San Sebastián, mi tierra, y Granada, la de Falla, no tiene nada que ver; pero yo me siento identificada con su música... Igual que me siento identificada con la música romántica centroeuropea, con la música francesa por mi infancia o la música rusa por mis años de estudio con Vadim Suchanov… Pero también de repente puedo sentir un vínculo con la música latinoamericana por todas mis vivencias… La patria es mucho más que el lugar de nacimiento; vamos haciendo patria de los lugares tanto físicos como emocionales que vamos construyendo a lo largo de la vida. Somos todos una mezcla o un resultado de las energías de las que nos rodeamos y que nos inspiran. La patria no es algo cerrado. Naturalmente que hay un sentimiento de identidad, una raíz; de hecho, Falla volvió a Madrid… Pero tocaba a Chopin, y esa era también su patria musical. Su idioma musical se crea a partir de este aprendizaje y de su amor por su tierra y sus orígenes: el cante jondo, el flamenco, Andalucía… En el caso de Grieg, las danzas, el folclore noruego».

Las ‘Noches en los jardines de España’, dice Judith Jáuregui, es una pieza que muchos pianistas extranjeros han incorporado a su repertorio. No hay prejuicios hacia los compositores españoles, añade. «Granados es adorado en Francia, por ejemplo. Y Albéniz y Mompou… Es cierto que nuestra música no se ha expandido como la música rusa, que está en el repertorio de todos los pianistas internacionales. La escuela española es más compositiva y menos interpretativa… aunque la hay».

«’Iberia’ es una obra que siempre me ha dado mucho respeto y todavía no me he quitado el miedo a ella… No sé si me lo quitaré algún día, igual no»

Si las ‘Noches’ de Falla son uno de los monumentos del pianismo español hay otro todavía más majestuoso: ‘Iberia‘, de Albéniz. «Todavía no estoy ahí -sonríe la pianista-. Sinceramente, aún no estoy preparada. Tiene una dificultad general. Interpretativamente, ‘Iberia’ es tan grande que darle un sentido completo me resulta complejo; es un ejercicio de fantasía brutal para no hacerla repetitiva. Y a nivel técnico es una locura, pero finalmente eso es gimnasia, y con trabajo y entrenamiento se puede conseguir. Albéniz es muy antipianístico, como Beethoven. Liszt, con lo virtuoso que es, resulta mucho más cómodo; es muy pianístico, lo mismo que Grieg. Albéniz es realmente incómodo para la mano de un pianista, pero es un escollo que se puede salvar… Pero ‘Iberia’ es una obra que siempre me ha dado mucho respeto y todavía no me he quitado el miedo a ella… No sé si me lo quitaré algún día, igual no».

Es importante conocer los límites propios. «Escucharse y saber decir que no es uno de los mayores aprendizajes de la vida; se aprende mucho habiendo dicho que sí a cosas que deberías haber dicho que no. Creo que es precioso en la vida saber esperar, no tener esa ansiedad por hacerlo todo. Vivimos en una sociedad tan extremadamente enferma por la producción… Hay que saber esperar y saber crecer. Esperar que llegue el momento para cada cosa».

¿Ha influido la maternidad en su manera de tocar? «No me ha dado tiempo a darme cuenta -dice Judith Jáuregui-, puede que haya algo inconsciente, una fuerza nueva… De lo que estoy convencida es de que va a llegar una nueva fuente de inspiración, porque tengo mucha ilusión por volver… yo vivo por la ilusión en la vida, mi padre ha sido un maestro en este sentido. ¡Si ahora solo con una sonrisa suya me ilumino, me ilusiono…! Sé que va a afectar a mi forma de ver la música, de renovar la fantasía, de vivir… Ser madre va a tener trascendencia… Pero necesito tiempo para ser consciente y para desarrollarlo, para no forzarlo y dejarlo fluir. Dar vida da mucha fuerza».

Este verano, Judith Jáuregui tocó en el Festival de Granada, ya embarazada, en el Patio de los Arrayanes, muy cerca de los jardines del Generalife que Falla dibujó con notas musicales en su partitura. «Me gusta pensar imágenes mientras toco; puede ser un paisaje, una vivencia, ideas… Yo llevo veinte años tocando las ‘Noches’, espero que no sean las mismas -ríe-. Cada uno va construyendo su imaginario con lo que va viviendo. Para mí, viajar es fundamental; es crecer. No hay nada más bonito que conocer este mundo».

«Cada uno va construyendo su imaginario con lo que va viviendo. Para mí, viajar es fundamental; es crecer. No hay nada más bonito que conocer este mundo»

La naturaleza, dice la pianista, es para ella una gran ayuda. También la meditación. «Trabajo mucho la visualización, trabajo mucho fuera del instrumento, y también la meditación. Una vez empiezas a meditar también empiezan a fluir imágenes, sensaciones… A veces son sensaciones físicas, a veces es una luz, un recuerdo, un deseo…»

«Sí, soy una persona muy de imágenes -resume-. El piano no es como la voz, que es aire; el piano es muy material, se tocan 88 teclas, y para crear ese mundo etéreo del sonido hay que crearlo antes en la mente que en el plano físico. A veces tienes que imaginarte que eres una flauta, otras veces que eres un cello, un clarinete… Y a eso ayuda haber desarrollado una vida plena fuera del instrumento también».

Para un pianista eso es complicado; el instrumento exige pasar muchas horas junto a él. Pero, dice Judith Jáuregui, «un artista se alimenta de la vida, de la lectura, de otras músicas, de todo lo que llene tu corazón, tu alma. Cuando tocas te estás desnudando con el público, y el público contigo porque te tiene que recibir».

Aunque es pianista y vive del sonido, Judith Jáuregui confiesa que ella necesita silencio. «Vivo con música, sí, pero también necesito mis espacios de silencio, por eso la meditación me ayuda mucho. Necesito pensar y para eso necesito pausa, y ahí me ayuda mucho la naturaleza, caminar, sentarme frente al mar… Ese es un sonido que también llena y crea un silencio dentro de mí. Soy una persona bastante sociable, pero necesito mis espacios de soledad. Los necesito porque estoy acostumbrada también a crear y vivir en soledad; la vida de un pianista es muy solitaria, viajamos solos».

Le gusta a Judith Jáuregui pensar en la psicología de cada instrumentista. «Los pianistas somos mucho más controladores porque muchas veces todo depende de nosotros, somos los que nos quedamos hasta el final estudiando; por eso necesito ese espacio de soledad y silencio». Pero no viajar con su instrumento hace a los pianistas más flexibles. «Tienes que adaptarte a encontrar tu voz; cada instrumento tiene una voz, hasta el peor, y has de saber darle espacio en el tiempo que tengas. No es una lucha contra lo físico del instrumento; hay que dejarlo cantar, dejarlo fluir».

Content Source: www.abc.es

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