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España, la gran villana: el mito a descolonizar en la ficción


Bromeaba Woody Allen con que en Estados Unidos nadie se acuerda de la guerra con España de 1898: «Lo más viejo tiene diez años». Pero no es cierto. Pueden no acordarse del conflicto, pero sí, como otros países anglosajones, de que los malos de la película eran y son los españoles. Está en sus mitos fundacionales, está en sus historias. Está en sus pantallas. En una fecha tan temprana como 1940, la película ‘El halcón del mar’ ya retrataba a Felipe II como un tirano fascista que contempla un enorme mapa del mundo y planifica la invasión de Inglaterra. Hoy, Disney, el mayor gigante del entretenimiento mundial, mantiene viva la llama de la leyenda negra demonizando la historia de España en nombre de la diversidad y de la descolonización. Una tendencia que, eso sí, entienden en una sola dirección.En la segunda temporada de ‘What if…?’, serie animada de Marvel, han tenido que resucitar a Isabel la Católica para convertirla en la gran malvada de 1513, vestida, para colmo, como su tocaya y enemiga íntima, la británica Isabel Tudor. Si la Reina levantara (otra vez) cabeza… No es el único despropósito de ‘What if…?’, que inventa una superheroína de la nada para justificar su recurrente obsesión con los conquistadores castellanos, a los que embarca en la búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud en territorio de los indios mohawk, o sea, más cerca de Canadá que donde realmente lo hacía Ponce de León, en Florida. Los españoles, por supuesto, aparecen como barbudos y violentos, ladrones avariciosos cuya única pretensión es cometer un genocidio y reventar la paz de la tribu de Kahori. Claro que se podrán justificar en que todo es ficción, con que la gracia del universo alternativo precisamente es esa, alterarlo todo, y que los morriones y arcabuces anacrónicos lo son porque la serie se basa precisamente en un condicional, pero ‘Qué pasaría si…?’, en lugar de los españoles, los que escamotean tesoros ocultos fueran, como en ‘Pocahontas’, los ingleses. Demasiado tarde.«El tema de Marvel Studios utilizando a los españoles como salvajes…», criticó a través de redes sociales Dani Lagi, creador del canal especializado Strip Marvel. Para hacer demagogia no hacen falta artificios muy trabajados, basta recurrir a mecanismos tan sencillos como los tópicos del imaginario colectivo contra los españoles, que calan en un Estados Unidos plegado al wokismo como argumento banal para todo. Por supuesto, no se salvan de esta quema ni los conquistadores, que a pesar de todo eran figuras que hasta ayer causaban allí asombro como exploradores y pioneros. En el fondo, la explicación es clara: no se atreven a culpar a otros, al colonialismo en la India o las reservas indias en Norteamérica, por ejemplo, y pagan su obstinación con los de siempre. Los que no tienen defensa ni una nación que se indigna cuando atacan su historia.La franquicia de superhéroes usó la misma estrategia con ‘The Eternals’, que dirigió Chloé Zhao hace tres años. Se creerá Urtasun que inventa la rueda con lo de descolonizar los museos, pero en esta película, uno de esos inmortales que nunca intervienen en ningún conflicto humano quiere saltarse su código ético para frenar la llegada de Hernán Cortés a Tenochtitlán. Un «genocidio» semejante, se revolvía en la cinta ese ser supremo, era intolerable y había que hacer algo. Lo irónico del asunto es que estos superhéroes llevaban viviendo años en la capital mexica sin que aparentemente los masivos sacrificios humanos y los actos de canibalismo les hubieran causado el mínimo problema. El mito del buen salvaje al servicio del séptimo arte.Quim Gutiérrez, como un conquistador español quemándose en ‘Jungle Cruise’Disney ya se había contagiado de leyenda negra antes , pero en ‘Jungle Cruise’, estrenada ya hace casi tres años, contó con la complicidad de un director español, Jaume Collet-Serra. Entre la infinidad de aventuras, conquistas y maravillosas locuras que envuelven el descubrimiento del Nuevo Mundo, ya es mala suerte que la gran pantalla caiga, una y otra vez, en un abismo tan frondoso como la selva amazónica que despejó Lope de Aguirre, aquí interpretado por un venezolano, en su periplo americano. «Es histórico, los españoles son los conquistadores. Pero el acento es genial. Un acento genial es la clave para un buen villano», bromeó, en una entrevista con ABC, Emily Blunt, quien da vida a una intrépida, y anacrónica, doctora sospechosamente británica.No solo de Disney vive la leyenda negra, pozo tremendamente fértil para difamar el pasado español y, a juzgar por la insistencia de los grandes estudios, también lucrativo. En ‘Uncharted’, adaptación del videojuego homónimo que Sony llevó a la gran pantalla hace dos años, se refieren a la gesta de Juan Sebastián Elcano como la expedición de los «18 infames». Claro que la película, protagonizada por Tom Holland, tiene como héroe a Francis Drake, un pirata… británico. En su reparto está también Antonio Banderas –sorpresa– como villano. «Los españoles no tenéis pinta de villanos», reconoció el joven actor a ABC, en deuda, quizás, con J. A. Bayona, que le hizo debutar en ‘Lo imposible’. Leyenda negra… en EspañaComo la ficción española no teme plegarse a las modas globales sino todo lo contrario, el audiovisual patrio ha caído en la tendencia de ideologizar también su pasado en pantalla, consagrando todos sus esfuerzos a caer, sin apenas resistencia, en todos los tópicos posibles de la historia de España. Se ve, por ejemplo, en el empeño por encajar en cualquier trama a algún fanático religioso o, como también hacen en ‘1898. Los últimos de Filipinas’, retratar a sus soldados como cainitas y traidores más preocupados por pegarse entre ellos que con cargar contra el enemigo.También, mal que pese, por ‘Oro’, que viene a cultivar la larga tradición de películas sobre El Dorado. Esa aproximación en la que los españoles se representan como codiciosos buitres en busca de oro en el Nuevo Mundo es lo máximo que ha dado la ficción española al hablar de América. Lo hizo Carlos Saura en 1988 y lo había hecho años antes el alemán Werner Herzog en ‘Aguirre, la cólera de Dios’. Otro patrón es la mala ambientación de época, que evidencia el escaso trabajo documental. En ‘La peste’, que se estrenó como la gran apuesta de Movistar+, hay errores a patadas, pero, más allá del condimento épico que le da a todo hablar de quema de herejes y caza de brujas, llama la atención negativamente el uso constante de desechos humanos para formar tripulaciones (en realidad, existían instituciones y normativas muy concretas para autorizar quién iba y con qué propósito a América) y la sobrepoblación de velas encendidas, que no eran tan baratas como para usarlas, a puñados, cuando era de día y el sol entraba sin esfuerzo por las ventanas. Claro que debían ser necesarias para alumbrar a esa pintoresca Sevilla oscura y mugrienta que aparece en la serie, nada más lejos de lo que fue la ciudad en el siglo XVI, la más cosmopolita de Europa.Con ‘La casa de papel’ ya convertida en fenómeno y una más en el catálogo de Netflix, se contagió también la ficción con eso de reescribir la historia, para dejar a España, de nuevo, como la mala. « El oro de los Quimbaya ya fue robado una vez. No se puede robar dos veces. Tendríamos que devolverlo», dicen en el arranque de la quinta temporada, estrenada en la plataforma de ‘streaming’ en 2021, antes de que el ministro de Cultura colocara el tesoro en primer plano. Le faltó mencionar a los protagonistas de la serie que el tesoro, cedido a modo de obsequio diplomático por el Gobierno colombiano a finales del siglo XIX, nunca fue robado por España. No hay que confundir ficciones con mentiras.

Content Source: www.abc.es

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